MORTALIDAD MATERNA EN MÉXICO Y LA DESPENALIZACIÓN DEL ABORTO

El 24 de abril del 2007 la Asamblea Legislativa del Distrito Federal aprobó las reformas legales al Código Penal y a la Ley de Salud del Distrito Federal que permite el aborto inducido (interrupción legal del embarazo) antes de las 12 semanas de gestación en la CIudad de México (Gayon-Vera, 2010). De acuerdo a las fuentes que apoyan la legalización del aborto, mencionan como problema de salud pública el gran número de mujeres que mueren por prácticas clandestinas del aborto, datos que generan una elevada morbilidad y mortalidad materna a causa de esta práctica, los cuales fueron de los argumentos contundentes para favorecer que la mayoría de los legisladores votarán a favor de dicha ley.


En algunas fuentes encontradas, están los datos del Grupo de Información en Reproducción Elegida, quien afirmó, previo a la despenalización del aborto, la muerte anual de 1,500 mujeres por la práctica de abortos a nivel nacional y en la ciudad de México 120 muertes anuales por esta misma práctica (GIRE, 2008). Contrastando estos datos con los registros del INEGI, del 2002 al 2006 se presentaron 197 muertes a nivel nacional y 27 en la ciudad de México.


En octubre de 2016, el portal “Clínicas de Aborto en México DF”, afirmó que en el 2015 la mortalidad por abortos clandestinos fue del 57% respecto a la mortalidad materna general (Clínicas ILE, 2016). Sin embargo, en los resultados del INEGI, se registró que en el mismo año hubo 26 muertes por aborto de 778 de mortalidad materna general, representando tan solo el 3.34%


En mayo de 2018, en una nota del periódico El Dictamen, la presidenta de la Alianza Nacional de Padres y Madres de México por la Educación declaró que, “de 11 años a la fecha suman más de 700 mil muertas por esta práctica” (ED, 2018). De acuerdo con el INEGI, se identificaron 326 defunciones a nivel nacional en el mismo periodo.


Por ello, este grupo de trabajo consideró pertinente realizar un análisis comparativo de estas cifras proporcionadas por las fuentes que promueven la despenalización del aborto, así como una revisión sistemática de la base de datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) considerada como la publicación más asertiva de estadística en nuestro país y evaluar el impacto en la mortalidad materna a nivel nacional y de la Ciudad de México.


Estos datos fueron evaluados mediante un análisis de regresión lineal:


●    Razón de Mortalidad Materna tendencia hacia la baja
●    Razón de muertes por aborto a nivel nacional: tendencia hacia la baja
●    Razón de muertes por abortos en la ciudad de México con tendencia neutra


Podemos inferir, que la mortalidad está disminuyendo por las políticas nacionales que regulan la mortalidad materna y no específicamente por la práctica del aborto legal, mismas que no están impactando de manera importante en la capital (gráficas 1, 2 y 3). 

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El boletín del Hospital Infantil de México, publicó que en el 2009 solo murieron 74 de 1207 mujeres a causa del aborto (Fernández et al, 2012), cifras que coinciden con lo reportado por el INEGI. Sin embargo, dichos datos consideran en sus cifras todas las condiciones médicas causales de aborto (embarazo ectópico, molas, huevo muerto retenido, aborto espontáneo) si dichas condiciones las eliminamos (como en el presente trabajo), el resultado total sería de 25 muertes por aborto a nivel nacional en dicho año.


En esta revisión, hemos encontrado que la mortalidad materna a nivel nacional por aborto ha disminuido, pero resulta interesante que en nuestro análisis de las cifras de muertes por aborto en la ciudad de México no ha tenido impacto alguno en la disminución de la mortalidad materna por aborto con la aplicación de la interrupción legal del embarazo. Lo que sí se ha presentado, es que con la despenalización del aborto en la Ciudad de México se han reportado del 2007 hasta la fecha, un total de 202,698 abortos legales (ILE,2018).  


Autores: 

Dr. José Manuel Madrazo Cabo 

Dra. Edith Jocelyn Hernández Sánchez 

Pasante de Med. Grecia Ana León Durán 

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Libertad de opción

Por Gabriel Zanotti

 Desde hace ya mucho tiempo, cuando se tratan temas como el aborto,  la eutanasia o el matrimonio homosexual, el argumento es la libertad de opción:  “Es mi vida”. Es el derecho a  decidir sobre mi cuerpo y mi sexualidad, “no obligar a  otros”, etc., esas son las  argumentaciones.


El liberalismo parece haberse reducido al aborto, la eutanasia y el matrimonio homosexual. Porque la libertad  de opción es el argumento central del liberalismo para no solamente el tan denostado liberalismo económico, sino para cuestiones claves como libertad de educación, libertad a elegir el seguro médico, la no imposición del seguro social obligatorio, la libre inmigración y emigración, la eliminación de la casi todos los impuestos, etc. O sea, que el gobierno no intervenga en materia de salud, educación, seguridad social, que no haya aduanas, visas, pasaportes, que no haya declaraciones juradas, impuestos a las ganancias, que haya libertad de empresa en todos (todos) los ámbitos. Todo ello se basa precisamente en la libertad de opción del individuo.


Es entonces cuando todos dicen: ¿Cómo el gobierno no va a controlar la salud, la educación y todas esas áreas? Frente a lo cual la respuesta es que  el individuo tiene derecho a decidir.


Curiosamente, toda la libertad de opción que se afirma para el aborto, eutanasia, sexualidad, ya no rige para todo lo demás, y es totalmente negada.


Nos preguntamos entonces sobre la coherencia en el planteo anterior.


La pregunta es para casi todos, esto es, los que promueven el aborto y luego son los primeros y más grandes estatistas, defensores de la intervención del gobierno y ciegos ante la libertad individual en los otros terrenos. La pregunta no va obviamente a los liberales clásicos coherentes partidarios de la libertad individual en todas las áreas.


Es más, ellos me podrían decir a mí que yo también soy incoherente,  al defender al liberalismo clásico pero luego mostrarme “conservador” en esos tres temas tan sensibles para la opinión pública actual.


Precisamente es en estos tres  temas en los cuales la libertad individual también está en peligro. Si bien la libertad individual tiene diversos fundamentos, para nosotros es el derecho a la intimidad personal, esto es, el derecho a la ausencia de coacción sobre la propia conciencia en la medida que no afecte derechos de terceros.


Este es el debate. En el caso del matrimonio homosexual, es una opción la abolición  del matrimonio civil con lo cual se elimina el problema. Sin embargo esta alternativa no es aceptada por los heterosexuales que quieren que el gobierno  case y los homosexuales que también quieren que el gobierno “case”.


Pero la cuestión del es aborto diferente. Para el análisis parto de la premisa de que el embrión, desde sus primeras etapas, es un ser humano, (fundamentación posible), y por lo tanto con derechos a respetar y a defender. De allí que el argumento de la libertad de opción ya no se aplica.


Respecto de la eutanasia. Habiendo hecho todas las aclaraciones pertinentes, la cuestión se está focalizando en el tema del suicidio asistido. Efectivamente, creo que las aclaraciones, por parte de quienes se oponen  a la eutanasia, han sido suficientes. Sostenemos que no es necesario recurrir a tratamientos extraordinarios y defendemos al máximo la libertad individual del paciente: el derecho (fundado en la intimidad personal) a no  recibir un tratamiento médico, el derecho al rechazo informado, el derecho a no ser llevado a  un hospital coactivamente, etc., son todas aclaraciones que han llevado el tema de la eutanasia al “detalle” del suicidio asistido. Obviamente no podemos ahora  tratar todas las implicaciones del tema.


En torno de la libertad de opción, quien decida terminar con su vida, sólo puede ser juzgado por Dios, ningún ser humano  puede juzgar o “coaccionar” al que intentó suicidarse.


Ahora bien, ¿hay derecho a obligar a otro (repetimos: obligar a otro) a que mate a alguien que no puede matarse a sí mismo? ¿Existe ese “derecho”? Prácticamente algunos proponen que el médico que se niegue, es un delincuente, que ni siquiera puede invocar la objeción de conciencia.


Nuevamente, ¿qué “libertad de opción” es eso para el médico, enfermera o quien fuere que se encuentre en esa terrible situación?


Pero, volvemos a decir, esas preguntas están dirigidas a esa minoría absoluta de liberales clásicos que me preguntarían  sobre mi propia coherencia. A todos los demás, a la pléyade de estatistas que quieren controlar, obligatoriamente,  desde el gobierno, sencillamente todo, les señalamos su risible incoherencia cuando además invocan la “libertad de opción” como argumentos para el aborto y la eutanasia y luego quieren poner en la cárcel a quienes invoquen la objeción de conciencia en esos casos.


Triste destino de la “libertad individual”. 

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