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Libertad de opción

Por Gabriel Zanotti

 Desde hace ya mucho tiempo, cuando se tratan temas como el aborto,  la eutanasia o el matrimonio homosexual, el argumento es la libertad de opción:  “Es mi vida”. Es el derecho a  decidir sobre mi cuerpo y mi sexualidad, “no obligar a  otros”, etc., esas son las  argumentaciones.


El liberalismo parece haberse reducido al aborto, la eutanasia y el matrimonio homosexual. Porque la libertad  de opción es el argumento central del liberalismo para no solamente el tan denostado liberalismo económico, sino para cuestiones claves como libertad de educación, libertad a elegir el seguro médico, la no imposición del seguro social obligatorio, la libre inmigración y emigración, la eliminación de la casi todos los impuestos, etc. O sea, que el gobierno no intervenga en materia de salud, educación, seguridad social, que no haya aduanas, visas, pasaportes, que no haya declaraciones juradas, impuestos a las ganancias, que haya libertad de empresa en todos (todos) los ámbitos. Todo ello se basa precisamente en la libertad de opción del individuo.


Es entonces cuando todos dicen: ¿Cómo el gobierno no va a controlar la salud, la educación y todas esas áreas? Frente a lo cual la respuesta es que  el individuo tiene derecho a decidir.


Curiosamente, toda la libertad de opción que se afirma para el aborto, eutanasia, sexualidad, ya no rige para todo lo demás, y es totalmente negada.


Nos preguntamos entonces sobre la coherencia en el planteo anterior.


La pregunta es para casi todos, esto es, los que promueven el aborto y luego son los primeros y más grandes estatistas, defensores de la intervención del gobierno y ciegos ante la libertad individual en los otros terrenos. La pregunta no va obviamente a los liberales clásicos coherentes partidarios de la libertad individual en todas las áreas.


Es más, ellos me podrían decir a mí que yo también soy incoherente,  al defender al liberalismo clásico pero luego mostrarme “conservador” en esos tres temas tan sensibles para la opinión pública actual.


Precisamente es en estos tres  temas en los cuales la libertad individual también está en peligro. Si bien la libertad individual tiene diversos fundamentos, para nosotros es el derecho a la intimidad personal, esto es, el derecho a la ausencia de coacción sobre la propia conciencia en la medida que no afecte derechos de terceros.


Este es el debate. En el caso del matrimonio homosexual, es una opción la abolición  del matrimonio civil con lo cual se elimina el problema. Sin embargo esta alternativa no es aceptada por los heterosexuales que quieren que el gobierno  case y los homosexuales que también quieren que el gobierno “case”.


Pero la cuestión del es aborto diferente. Para el análisis parto de la premisa de que el embrión, desde sus primeras etapas, es un ser humano, (fundamentación posible), y por lo tanto con derechos a respetar y a defender. De allí que el argumento de la libertad de opción ya no se aplica.


Respecto de la eutanasia. Habiendo hecho todas las aclaraciones pertinentes, la cuestión se está focalizando en el tema del suicidio asistido. Efectivamente, creo que las aclaraciones, por parte de quienes se oponen  a la eutanasia, han sido suficientes. Sostenemos que no es necesario recurrir a tratamientos extraordinarios y defendemos al máximo la libertad individual del paciente: el derecho (fundado en la intimidad personal) a no  recibir un tratamiento médico, el derecho al rechazo informado, el derecho a no ser llevado a  un hospital coactivamente, etc., son todas aclaraciones que han llevado el tema de la eutanasia al “detalle” del suicidio asistido. Obviamente no podemos ahora  tratar todas las implicaciones del tema.


En torno de la libertad de opción, quien decida terminar con su vida, sólo puede ser juzgado por Dios, ningún ser humano  puede juzgar o “coaccionar” al que intentó suicidarse.


Ahora bien, ¿hay derecho a obligar a otro (repetimos: obligar a otro) a que mate a alguien que no puede matarse a sí mismo? ¿Existe ese “derecho”? Prácticamente algunos proponen que el médico que se niegue, es un delincuente, que ni siquiera puede invocar la objeción de conciencia.


Nuevamente, ¿qué “libertad de opción” es eso para el médico, enfermera o quien fuere que se encuentre en esa terrible situación?


Pero, volvemos a decir, esas preguntas están dirigidas a esa minoría absoluta de liberales clásicos que me preguntarían  sobre mi propia coherencia. A todos los demás, a la pléyade de estatistas que quieren controlar, obligatoriamente,  desde el gobierno, sencillamente todo, les señalamos su risible incoherencia cuando además invocan la “libertad de opción” como argumentos para el aborto y la eutanasia y luego quieren poner en la cárcel a quienes invoquen la objeción de conciencia en esos casos.


Triste destino de la “libertad individual”. 

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