No es una persona parte II

Por: Dra. Denisse Santos

  No es una persona

¿POR QUÉ SÍ AFIRMAR QUE EL NO NACIDO ES UNA PERSONA?


El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define el término persona como “el individuo de la especie humana”. Por biología, sabemos que lo que mejor identifica a un individuo como perteneciente a una especie concreta es la información contenida en las moléculas de su ADN. Parece obvio que en la definición de persona la RAE, se refiere a un ente que posee el acervo genético de la especie Homo sapiens, es decir ADN humano. Dado que el ADN que identifica a cada individuo humano se establece en el momento de la concepción y se conserva a lo largo de la vida, es en la fecundación cuando surge el sujeto humano, es decir la persona y esta condición le es aplicable por igual a todos y cada uno de los individuos de la especie y en cualquier etapa de la vida. Por ello se puede afirmar que “el cigoto es el punto exacto en el espacio y en el tiempo en que un ‘individuo humano’ inicia su propio ciclo vital”. En consecuencia, la definición de ser humano y persona le corresponde a todo ente humano a lo largo de toda la vida, desde el cigoto hasta la muerte natural.5


Para entender mejor lo mencionado previamente, debemos comprender la importancia de nuestra identidad biológica – identidad personal.


La secuencia de ADN heredada es el primer nivel de información; es el patrimonio genético de los individuos de cada una de las especies. Está presente en cada una de las células del organismo y no cambia a lo largo de la vida. El genoma heredado aporta la pertenencia a la especie y la identidad biológica del individuo. También en el ser humano. Y, por serlo, la identidad biológica es signo de la identidad personal. El cuerpo “dice quién es”: la cara, los gestos, la voz, hasta la forma de moverse, identifican al titular de ese cuerpo. Somos capaces de reconocer la cara de un ser querido entre una multitud, y somos capaces de reconocer a parientes de un amigo por los parecidos. Si una persona pierde el conocimiento y la memoria, si se olvida de quién es, son los demás los que pueden decirle quién es, porque pueden percibir en sus rasgos la continuidad corporal antes y después del accidente.  Más aún, ante la duda de “quién es” alguien puede acudir al análisis de sus peculiaridades genéticas, y determinar técnicamente su identidad biológica. 1


El segundo nivel de información se denomina epigenética, la cual se genera en la constitución del individuo. Cada individuo es uno, su existencia sigue una trayectoria particular de expresión del mensaje genético. Y es único y diferente a cualquier otro no sólo por la combinación única de genes que hereda de sus progenitores, sino por las fluctuaciones propias de su trayectoria, que hace distintos incluso a los gemelos con idéntico patrimonio genético.1 

El conjunto individualizado es así más que la suma de las partes; y precisamente porque todas las partes se integran armónicamente, cada organismo vivo tiene una vida propia, con un inicio, un desarrollo temporal en el que se completa, crece, se adapta a diversas circunstancias, se reproduce, envejece, a veces enferma, y necesariamente muere. No basta, por tanto, la información del genoma inicial. Para la formación, el desarrollo y la maduración de un organismo se requiere, además, la armonización unitaria de la emisión de su mensaje genético, tras su arranque concreto.1


Genética y humanidad para todos los humanos, pero solo para los humanos5 


Hoy constatamos que los grandes simios y cualquier otro animal al que se le pudiera atribuir un cierto grado de inteligencia poseen un modo restrictivo de comportamiento, marcado por el instinto de supervivencia.5 Esto se debe a que la información genética heredada en los animales aporta una disposición a aprender a vivir, y lo capacita para adquirir un conocimiento y dar respuestas instintivas. La naturaleza ata perfectamente los mecanismos de la supervivencia, de tal forma que sólo con violencia se pueden desatar. El cerebro animal funciona tan perfectamente que es capaz de ajustar muy bien la respuesta a los estímulos dirigidos a aquellas necesidades biológicas de las que depende la supervivencia del individuo y la especie. El comportamiento de los animales, por lo tanto, está determinado por los genes, ya que el cerebro se construye por la expresión de la información genética que poseen. Más genes y más capacidad de regular su expresión es lo que permite que los individuos de una especie posean más autonomía del medio. Ser “más con más genes” es la ley de la naturaleza no humana.1 


Entonces ¿Qué hace humano al genoma de cada hombre? Por una parte, ha habido “pérdida” de genes que suponen reducción de capacidad de adaptación al medio, y que llamativamente son ganancia en posibilidad de manifestación del carácter personal. Por ejemplo, una mutación en el gen de la miosina se traduce en una fibra muscular más fina que permite al hombre el gesto típicamente humano de la sonrisa, a cambio de una disminución de la musculatura de la masticación. Su plus de realidad compensará con el arte culinario, la pobreza biológica de un débil aparato triturador de alimentos. Sin embargo, el acontecimiento crítico que condujo al establecimiento de las mayores diferencias entre el cerebro del hombre y los primates está asociado con los cambios en la reorganización de los cromosomas sexuales, X y Y. Estos cambios le confieren a la arquitectura del cerebro una propiedad exclusivamente humana, y causan el dimorfismo sexual en el cerebro.1


La humanización, el conjunto de cualidades propias de la especie humana adquiridas a lo largo de cientos de miles de años de evolución, constituye nuestra señal de identidad como especie biológica. Ningún ser humano debe ser excluido de la calificación de ser personal, como ningún ser perteneciente a otra especie debe ser llevado a la misma consideración que la que es propia de nuestra especie.5


No hay duda, que la vida incipiente de un cigoto humano es vida humana, pero ¿Es equiparable a persona humana? Como ya lo explicamos todo cuerpo humano tiene ese carácter peculiar exclusivo de los hombres, el carácter personal. La vida biológica de cada uno va inseparablemente unida a la biografía, a la historia propia. Un cuerpo humano es signo de la persona.6




Para más información, te invitamos a visitar  Su vida no tiene valor, hasta que… parte III 

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