Aborto: Control de población, impacto ambiental y pobreza

Por: L. E. Juan Manuel Rodea Valencia

¿Por qué tanta insistencia en que la reducción de la población soluciona el daño ambiental y la pobreza?


Es preciso partir de las premisas en las que se basa este argumento, quizás has oído un término que antes de ser una idea cada vez más aceptada fue trabajado por los últimos economistas más relevantes, buscado por los organismos multinacionales, procurado como objetivo de políticas públicas por parte de los gobiernos de diversos países y posicionado en espacios de influencia por cada vez más líderes de opinión: estamos hablando del desarrollo sustentable. ¿Y en qué consiste el desarrollo sustentable?, se trata de procurar que la actividad económica –qué y cómo producir– se lleve a cabo respetando el medio ambiente y los recursos naturales que son necesarios para llevarla a cabo.


El concepto del desarrollo sustentable


¿De dónde viene el término?, se enuncia formalmente en el informe de Brundtland (1987), elaborado por y para la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo por la primer ministra de Noruega en funciones aquel entonces (Gro Harlem Brundtland). Según el informe, en muchas partes del mundo, la población crece según tasas que los recursos ambientales disponibles no pueden sostener, ¿y es eso cierto?, ¿hasta qué punto?, ¿se trataba de una preocupación reciente?, desde luego alguien más había planteado esa premisa casi dos siglos atrás: a finales del s. XVIII el economista inglés Thomas Robert Malthus escribió el Primer ensayo sobre la población (1798), un tratado donde se manifestaba a manera de preocupación el dilema entre el crecimiento poblacional y el uso de los recursos naturales.


Influencia de la perspectiva malthusiana en las propuestas actuales de desarrollo sustentable


¿Cuál es el punto de partida del trabajo de Malthus y cuál su influencia en la propuesta actual de desarrollo sustentable?, comienza de dos postulados: primero, el alimento –o bien, los recursos en general– es necesario a la existencia del hombre; y segundo, la pasión entre los sexos es necesaria y se mantendrá prácticamente en su estado actual; básicamente al mencionar estas dos necesidades humanas se sobreentiende que las necesidades fisiológicas son las más básicas y buscadas de manera intrínseca como resultado mismo de la procuración y preservación de la subsistencia y más o menos ampliadas por los psicólogos con algunos aspectos complementarios resultantes del desarrollo intelectual y que ayudan a elevar el nivel de procuración de estas necesidades fisiológicas (seguridad, pertenencia, reconocimiento y realización según la escuela humanista de Abraham Maslow como principal referente). Siendo así, para preservar la vida propia el hombre consume recursos y para asegurar la permanencia de la especie se reproduce, incrementando la población a medida que los nacimientos superan a los decesos; y es ahí donde parte la preocupación de Malthus ante ese incremento que concibe como desbordado de la población e inmensamente superior al incremento de la capacidad de la naturaleza para producir recursos; bajo esa lógica, cada cuarto de siglo el patrón demográfico crecería en progresión geométrica (1, 2, 4, 8…), mientras que el patrón de recursos disponibles lo haría en progresión aritmética (1, 2, 3, 4…). Si esos patrones los aplicamos a razón de mil millones de habitantes y mil millones de unidades de recursos o subsistencias para el periodo –entiéndase como un índice dado que no especifica detalles–, numéricamente se puede visualizar de la siguiente forma[1]:

 Tabla 1 

image1

  

Y para dimensionar esta presunta brecha de una forma más visual,  podemos graficarlo de la siguiente manera: 

Gráfica 1

¿En qué se equivocó Malthus?


A 189 años de una visualización que aún a finales de la década de los 80 estuvo lejos de corresponder a la realidad, el informe de Brundtland afirma que no se trata sólo del número de las personas que conforman la población, sino de cómo hacer que los recursos disponibles sean suficientes, y después de tres décadas de haber sido publicado el informe la propaganda ha sido cada vez más insistente en el llamado a la acción ante una situación que dista de ser tan crítica como se le está presentando hoy en día, tan es así que fueron producidas 64.410 billones de dólares en unidades de riqueza según datos del Banco Mundial (frente a los parámetros usados por Malthus, las unidades de recursos o subsistencias, los sistemas de cuentas nacionales modernos cuantifican los recursos de toda la economía en unidades monetarias mediante el Producto Interno Bruto de cada país, indicador que naturalmente puede sumar para todas las naciones que conforman la Organización de Naciones Unidas). Esa cantidad de recursos era distribuible entre 6,789 millones de habitantes –a razón de 9,487 USD por persona– para el año 2008, y 10 años después, en 2018, el PIB mundial ascendió a 82.458 billones de dólares (un incremento del 28.02%) y la población mundial a 7,631 millones de habitantes (12.4% más que en 2008): ¡10,806 USD por habitante!, según datos de la ONU y el BM está sucediendo lo contrario a lo que Malthus pronosticó para nuestro tiempo:

Tabla 2 

  Observemos cómo visualmente se invierten las variables históricas en comparación con el modelo malthusiano: 


Gráfica 2

Derrumbando falacias: el aborto no previene ni el daño ambiental ni la pobreza

¿Cuáles son los mitos que quedan al descubierto con este planteamiento equivocado?, evidentemente queda de manifiesto que no es necesario reducir la población para reducir el impacto ambiental ni mucho menos para combatir la pobreza. Por ende es necesario replantear ambos aspectos para la elaboración de propuestas más acordes con las necesidades de la humanidad y la casa que habita, pues el sentido común nos lleva a darnos cuenta de que la aniquilación de la vida humana no es justificable para solucionar problemas de desarrollo, antes bien, un acierto que se le puede reconocer a Malthus frente a un planteamiento finalmente equivocado es el hecho de que el ser humano busca básicamente mantenerse con vida y mantener con vida su especie al igual que las otras lo hacen; ese “apetito por la vida” –cliché que rescato de un comercial de una tarjeta de crédito que vi hace poco y que me encantó desde la primera vez que lo vi– que otros economistas han identificado erróneamente en la forma de “egoísmo” (Bernard Mandeville, La fábula de las abejas; Adam Smith, La riqueza de las naciones).


¿Qué nos demandan los problemas actuales ante la búsqueda de un desarrollo integral para el ser humano y la casa común?


Una vez que hayamos reconocido el desacierto de menospreciar la vida humana como el elemento central del desarrollo, es preciso rectificar y formular nuevas propuestas que incluyan dos fundamentos básicos: una verdadera perspectiva ambiental y la búsqueda de soluciones reales al problema de la pobreza.

#vidaesdesarrollo